El reloj no debería alejar personas, ¿quién le dio esa
autoridad? Aparte de todo parece no ser mi amigo, siempre se lleva instantes de
mi vida con él, o eso cree, porque al final soy yo quien envejece mientras él
sigue con su movimiento circular.
Debería haber alguna manera de detenerlo, tan solo
para que no tengas que irte, porque tengo más silencios que segundos, te lo
aseguro, tengo más palabras de las que puedes imaginar, y no me caben todas en
una hora, o dos, o no sé cuantas más.
Los minutos me duelen sin ti, y no se me convierten en
horas, se convierten en vacíos de esos oscuros que no puedo llenar con
recuerdos, es tiempo perdido dirían, yo digo que solo es otro momento de esos
donde tú estás donde no debes estar.
Si pudiera detener el tiempo, el mundo dejaría de
girar, el sol no se ocultaría más o la luna se nos quedaría pegada en el cielo.
Y entonces no vendrían los pájaros a mi ventana, ni el viento haría que tu
cabello se enrede para que yo te robe una caricia con la excusa de apartarlo de
tu cara.
No es tu reloj ni es el mío, donde quiero que se
marquen los instantes por compartir, debe ser una especie de calendario
compartido, o quizás tampoco, porque los calendarios están construidos de
horas, y no me gustan las horas, más bien me gusta la vida junto a ti.
Talvez me invente un día con tu nombre, y un reloj con
las letras que le corresponden.
Porque ese sonido que escucho marcando los segundos no
es de la segundera de ningún reloj... es tan solo una forma absurda de
disfrazar la ausencia de los latidos de tu corazón.

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Impregna en esta intermitencia un poco de tu luz.