De hecho así era. Acostado sobre la grama con los brazos extendidos Rubén podía sentir la respiración de Alejandra a su lado, sin necesidad de girar su cabeza sabia que ella estaba ahí y que a pesar del paso del tiempo seguía siendo la misma que conoció años atrás, con su sonrisa naturalmente alegre, la mirada triste y una facilidad para hacerlo sentir ternura sin que se lo propusiera -recuerdas ese 30 de enero?- dijo Rubén mientras acostado aun, ponía las manos detrás de la cabeza y sonreía mientras en el cielo, las estrellas parecían formar figuras que recreaban el día que se conocieron.
A sus oídos llegó su timbre de voz dulce ácido. - ¿cómo podría olvidarlo? Sigues estando igual de flaco y por más tiempo que pase creo que jamás vas a separarte de los jeans rotos y los converse viejos que te gusta usar - hizo una breve pausa, como si se hubiera transportado al preciso momento en que se conocieron y dijo - amé tu forma de ser desde el primer momento, y aunque con el paso del tiempo la gente cambia creo que siempre serás el mismo de ayer- Su sonrisa fue apagándose como si se alejara lentamente hacia quien sabe qué lugar y el silencio se hizo presente otra vez.
Los ojos de Rubén empezaron a humedecerse mientras el restregaba sus manos en el rostro y trataba de no pensar, solo sentir. Por ello cerró los parpados y dejó que las sensaciones se hicieran más intensas, su respiración se agitó y sintió como parecía que todos sus miedos convergían en el estomago y creaban una incontrolable ansiedad, pero a pesar de ello no quiso abrir los ojos para ver la luna otra vez.
Sintió ganas de decirle a Alejandra que no estaba bien, que hacía varios días no lo estaba, que no estaba comiendo y no podía dormir, pero creyó que en vano trataría de explicarlo y guardó silencio hasta que otra vez la voz de Alejandra llegó a sus sentidos de forma sutil.
-Eres un tontito, nunca voy a dejarte y no tienes porque sentirte mal. ¿No recuerdas que fuiste tú quien me hizo creer en la eternidad del amor? - tienes razón - dijo él con la voz quebrada y una media sonrisa dibujada en el rostro - el verdadero amor debería ser para siempre y no tener nunca un final –
Abrió los ojos para ver la luna otra vez, pero unas nubes grises se habían hecho presentes nublando el panorama - aun así puedo sentir que la luna está ahí - dijo mientras limpiaba las lagrimas que ya no había podido contener. -también puedo sentir tu presencia Alejandra, aunque un domingo te perdiera sin tener oportunidad de decirte adiós-
Tendido sobre la grama Rubén imaginaba que su amada Alejandra, la que los médicos declararon muerta semanas atrás, no se había ido del todo y llegaba cada noche de media luna a conversar.
Entonces pensó, mientras cerraba los ojos, que mañana sería un buen día para ver la luna otra vez.
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